El Gobierno profundizó las operaciones conjuntas entre el Banco Central y el Ministerio de Economía para contener la cotización, administrar las tasas en pesos y acumular reservas. Las consultoras advierten que el esquema tiene un margen de maniobra limitado.
El Gobierno profundizó su estrategia monetaria y cambiaria a través de una mayor coordinación entre el Banco Central (BCRA) y el Ministerio de Economía, con el objetivo de sostener tres metas de manera simultánea: evitar que el dólar supere los $1.500, regular las tasas de interés en pesos y continuar acumulando reservas internacionales.
Sin embargo, distintas consultoras privadas consideran que el esquema elegido por el equipo económico tiene un margen de maniobra reducido y podría resultar complejo de sostener durante un período prolongado.
Una de las señales de esa tensión aparece en el ritmo de compras de divisas del BCRA. La autoridad monetaria pasó de adquirir un promedio diario de US$103 millones en julio a unos US$33 millones por día en agosto. La reducción responde al intento de evitar que la compra de dólares genere una presión adicional sobre la cotización.
La consultora 1816 señaló que la decisión de establecer los $1.500 como techo cambiario de corto plazo también repercutió sobre la deuda denominada en dólares, que tuvo un desempeño negativo frente a sus pares de otros mercados emergentes durante las últimas jornadas.
Las herramientas del Banco Central
Para mantener el tipo de cambio dentro de ese límite, el BCRA recurre a distintas herramientas financieras, entre ellas operaciones de dólar futuro y títulos vinculados con la evolución del tipo de cambio.
Al mismo tiempo, la autoridad monetaria busca establecer un piso para las tasas de corto plazo a través de las operaciones Repo que realizan las entidades bancarias.
La estrategia apunta así a intervenir sobre distintos componentes del mercado sin depender exclusivamente de la venta directa de divisas.
El rol del Tesoro en el mercado
En paralelo, el Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, asumió un papel más activo en el mercado cambiario y en la administración cotidiana de la liquidez en pesos.
Según un análisis de Outlier, el Tesoro participa en operaciones puntuales en el mercado de dólar contado, administra las licitaciones de deuda pública y también interviene en la gestión de la liquidez mediante depósitos en entidades financieras.
Esta dinámica quedó reflejada en la última licitación de deuda realizada en julio de 2026. En esa operación, Economía logró adjudicar aproximadamente $4 billones por encima de los vencimientos.
Sin embargo, esos recursos no fueron transferidos al Banco Central. El dinero permaneció depositado en cuentas bancarias con el objetivo de evitar una absorción demasiado abrupta de pesos del sistema financiero.
De esta manera, el Gobierno intenta manejar al mismo tiempo la cantidad de dinero disponible, las tasas de interés y la cotización del dólar, procurando evitar movimientos bruscos en cualquiera de esas variables.
Las dudas sobre la estrategia oficial
La complejidad del esquema comenzó a generar interrogantes entre operadores de la City, principalmente por la dificultad para determinar cuál es el objetivo prioritario de cada una de las intervenciones oficiales.
Desde Outlier advirtieron que el mecanismo puede generar confusión entre los participantes del mercado, que no siempre logran identificar si las medidas buscan principalmente restringir la liquidez, elevar las tasas en pesos, sostener el tipo de cambio o alcanzar las tres metas simultáneamente.
Para la consultora, una comunicación poco clara puede multiplicar las interpretaciones sobre las decisiones del Gobierno y afectar el funcionamiento del esquema.
Por su parte, LCG puso el foco en la importancia que tiene el tipo de cambio dentro del programa económico. Según la consultora, el ancla cambiaria cumple un papel central para contener la inflación, especialmente después de que el índice de precios interrumpiera tres meses consecutivos de desaceleración y volviera a ubicarse por encima del 2%.
En ese escenario, LCG planteó la posibilidad de que el Gobierno deba profundizar el uso del ancla cambiaria si la inflación vuelve a mostrar resistencia, mientras la actividad económica podría continuar perdiendo dinamismo.
Así, el equipo económico busca mantener el dólar por debajo de los $1.500, administrar las tasas de interés y recomponer las reservas mediante una combinación de herramientas del BCRA y del Tesoro. El desafío, según las consultoras, será sostener ese equilibrio sin que aumenten las tensiones sobre el mercado cambiario y financiero.

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