11 mayo, 2026

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Advertencia para el Gobierno: ¿Hasta cuándo aguanta el bolsillo en el Conurbano?

Reconocidos economistas advierten que la esperanza no alcanza para llenar la heladera. Con salarios que no paran de caer y sospechas de corrupción que irritan al vecino, el «ruido político» podría sentirse fuerte en las próximas elecciones.

En nuestras calles se siente una verdad que los números fríos a veces maquillan: es mucho más fácil y rápido destruir que volver a levantar. Esta es la advertencia que resuena hoy en los círculos económicos más importantes y que apunta directamente al corazón del Gran Buenos Aires. Mientras el Gobierno nacional se apoya en la «esperanza» de que el sacrificio valdrá la pena, la realidad del vecino es otra: el empleo formal retrocede, los salarios pierden contra la góndola y la paciencia social empieza a dar señales de agotamiento frente a las promesas que no llegan al bolsillo.

El prestigioso economista Ricardo Arriazu puso el foco en un punto que conocemos bien: la situación en el Conurbano. Para el analista, el desafío del Gobierno se juega «a la vuelta de la esquina», en las elecciones del próximo año en nuestra región. Arriazu advierte que muchos vecinos quedaron «atrapados» por cambios en las reglas de juego que hoy los dejan sin protección. Sin obra pública que genere changas ni políticas de compensación claras, el «ruido político» en los barrios podría ser el gran escollo para el plan de Javier Milei.

La estadística que maneja el Banco Provincia es contundente: los salarios reales cayeron un 3,6% en los últimos seis meses. Es un golpe similar al que sufrimos en el peor momento de la pandemia o en la crisis de 2018. El vecino lo nota cuando va al supermercado o cuando ve que el comercio del barrio tiene que despedir a un empleado. La idea de que el país «está mejor» porque lo dicen los gráficos nacionales choca de frente con la billetera de quien tiene que pagar el transporte y la luz todos los meses.

A esto se le suma un componente que irrita especialmente: las sospechas de corrupción. Como dicen los que saben, la gente puede tolerar un ajuste si siente que es parejo, pero la tolerancia cae en picada cuando aparecen dudas sobre la honestidad de los funcionarios. No es lo mismo aguantar una inflación del 3% con la frente en alto que hacerlo bajo la sombra de la duda.

Para Arriazu, el camino para salir de este pozo es estimular sectores que dan laburo de verdad, como la construcción y el comercio, los únicos capaces de compensar la caída de la industria. Sin embargo, para el léxico oficial, «estimular» parece una mala palabra. El dilema es si el Gobierno seguirá encerrado en su propio relato o si empezará a mirar lo que pasa en las veredas de nuestras casas.

El tiempo de la «narrativa» y las promesas tiene fecha de vencimiento. En unos meses sabremos si el sacrificio que hoy hace el vecino del Conurbano tiene su recompensa o si solo fue una ilusión. Mientras tanto, en los barrios seguimos esperando que el salario empiece a ganarle a los precios antes de que el «crédito» de la esperanza se agote definitivamente.