Un relevamiento en la Legislatura porteña advierte sobre menores que permanecen internados en el Gutiérrez y el Elizalde por falta de vacantes en hogares de tránsito.
En nuestros hospitales públicos de la Ciudad, como el Ricardo Gutiérrez en Recoleta o el Pedro Elizalde en Constitución, se está viviendo una situación que nos tiene que importar a todos. Hay alrededor de cien chicos que ya no están enfermos pero siguen ocupando camas porque no tienen un lugar a donde ir. Esta realidad, confirmada por trabajadores de salud, está afectando tanto el funcionamiento de las guardias como los derechos de los propios menores.
La problemática afecta especialmente a los grandes centros pediátricos de referencia de nuestras comunas. Según el pedido de informes que circula en la Legislatura, los chicos ingresan por orden judicial para controles, pero una vez que los médicos les dan el alta, quedan «atrapados» en el sistema. Al no haber suficientes vacantes en los hogares convivenciales o de tránsito de la Ciudad, las salas de internación terminan funcionando como viviendas improvisadas durante meses e incluso años.
Para la comunidad hospitalaria, esto es un tema de servicio urgente. Los médicos y enfermeros, que ya corren de un lado a otro para atendernos, ahora deben sumar tareas de cuidado y crianza que no les corresponden. Esto genera una sobrecarga que repercute en los tiempos de espera y en la disponibilidad de camas para casos de emergencias médicas reales que llegan desde todos los barrios porteños.
Un dato que circula mucho entre los equipos de salud es que algunos menores incluso permanecen bajo custodia policial dentro de las salas. El sistema de protección de derechos está trabajando al límite de su capacidad y no llega a cubrir la demanda de vacantes necesarias. La falta de dispositivos de tránsito adecuados hace que el hospital, un lugar de paso para curarse, se convierta en una residencia permanente para quienes más protección necesitan.
Es importante que los vecinos sepamos que esta saturación no es solo por falta de médicos, sino por un problema de gestión social que traba la salida de pacientes. Sin hogares de tránsito funcionando correctamente en nuestras comunas, las camas de pediatría no se liberan, afectando la atención de cualquier familia que necesite usar el hospital público ante una urgencia.
Esta situación nos toca de cerca a todos los que alguna vez llevamos a nuestros hijos a un hospital de la Ciudad. Esperamos que el pedido de informes traiga respuestas claras y, sobre todo, soluciones para que los hospitales vuelvan a ser lugares de salud y los chicos tengan el hogar que se merecen.

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