26 septiembre, 2026

El comunero

El comunero media

Georges Rousse llega a Buenos Aires con una obra que transforma el espacio y propone “habitar” las imágenes

El reconocido fotógrafo francés presenta El espacio infinito, una instalación site specific realizada especialmente para Artexarte. Influido por Malevitch y el land art, construye escenarios con formas, colores y geometrías que solo adquieren sentido desde un punto preciso de observación.

Una marca ubicada en el piso señala el lugar exacto desde donde debe observarse la primera obra que Georges Rousse realizó especialmente para Buenos Aires. El punto está apenas después de atravesar la puerta de Artexarte, un edificio que anteriormente funcionó como una fábrica de productos lácteos.

Desde allí, el visitante se encuentra con una instalación concebida al milímetro, en la que el espacio, las formas y los colores se combinan para generar una imagen que cambia por completo cuando el espectador abandona la posición indicada y comienza a desplazarse.

Rousse y su equipo necesitaron quince días para diseñar y montar esta intervención visual. El resultado es una propuesta que combina instalación artística, juego espacial y colores plenos, construida para ser observada desde una perspectiva determinada.

La intervención permanecerá abierta al público hasta el 7 de noviembre en la galería ubicada en Lavalleja 1062. De la instalación, Rousse realizó además una fotografía que quedó como registro permanente de la obra y que puede contemplarse en una de las paredes del espacio.

La pieza se incorpora a una exposición que reúne otras imágenes creadas por el artista en diferentes lugares del mundo y que ocupan las salas del primer y segundo piso de Artexarte.

La muestra, titulada El espacio infinito y curada por la franco-peruana Marisa Sanabria Sequeiros, propone además un diálogo con el universo literario de Jorge Luis Borges. A lo largo del recorrido aparecen referencias vinculadas con objetos imposibles, espejos, multiplicidad de formas, geometrías y distintas concepciones del infinito.

Una fotografía construida en el espacio

La propuesta de Rousse parte de una premisa particular: aunque su objetivo final es fotográfico, el artista construye físicamente las instalaciones que luego fotografía.

“Mi objetivo es fotográfico. Después de la irrupción del retoque digital y el photoshop, me obligué a hacer instalaciones para mostrar el proceso de trabajo. Para que la gente pueda comprender cómo se hacen las fotografías”, explicó Rousse durante un encuentro con periodistas culturales realizado en Artexarte.

Esa decisión cobra especial relevancia en un contexto atravesado por la inteligencia artificial y la manipulación digital de imágenes. Frente a las obras del fotógrafo francés, el espectador puede observar cómo escenas que parecen imposibles y completamente reales fueron construidas de manera física, mediante una combinación de trabajo manual, planificación, formas, espacios y colores.

El propio Rousse resume su búsqueda artística de una manera particular: “Si la fotografía es una reducción de la realidad, busco que las personas puedan entrar adentro de las mías. Habitar el espacio de las imágenes”.

La experiencia permite entonces descubrir no solamente el resultado final de sus fotografías, sino también el procedimiento detrás de ellas: espacios intervenidos que, desde una determinada perspectiva, se transforman en composiciones geométricas y visuales.

Un recorrido por décadas de trabajo

El espacio infinito propone además recorrer la evolución de la producción de Rousse. La exposición reúne obras que permiten observar su trayectoria desde sus primeros trabajos, realizados a comienzos de la década de 1980, hasta la depuración de sus formas hacia 2018.

A lo largo de esas décadas, el fotógrafo desarrolló una particular predilección por lugares abandonados, casonas y fábricas, espacios cargados de historias que se convierten en escenarios para sus intervenciones.

En esas construcciones, Rousse introduce elementos que modifican radicalmente la percepción del lugar. Círculos realizados con color o incluso con papeles de diario aparecen integrados en los ambientes y generan piezas únicas.

El resultado son imágenes en las que los espacios existentes y las intervenciones del artista se fusionan para producir una nueva realidad visual, construida específicamente para ser capturada por la cámara.

La muestra que llega por primera vez a Buenos Aires permite así acercarse a una obra que combina fotografía, arquitectura, intervención espacial y geometría, y que propone al visitante no solo mirar una imagen, sino descubrir cómo fue construida.