A 130 años del nacimiento de Cayetano Santos Godino, el cineasta uruguayo-argentino presentó junto al artista Juan Giribaldi una novela gráfica que reconstruye la historia del célebre criminal argentino. El libro combina ilustraciones, textos y recursos visuales para abordar tanto sus crímenes como el contexto de violencia, abandono y maltrato que atravesó su vida.
“Santos Godino que estás por los suelos, sacrificado sea tu nombre; venga a nosotros tu sino. Hágase tu crueldad así en la tierra como en sus dueños. Que se pudra en nuestras bocas el pan ajeno de cada día”.
Con esa oración comienza la contratapa de El petiso orejudo, la novela gráfica publicada por Ediciones Futurock y realizada por el cineasta uruguayo-argentino Israel Adrián Caetano junto al artista plástico Juan Giribaldi.
La obra propone una aproximación en formato de historieta a la historia de Cayetano Santos Godino, conocido como el “Petiso Orejudo”, una de las figuras más conocidas de la criminología argentina. El libro combina palabras, colores, recursos gráficos y distintas composiciones visuales para construir una narración marcada por el tono oscuro y perturbador de la historia que aborda.
El próximo 31 de octubre se cumplirán 130 años del nacimiento de Godino, quien fue responsable del asesinato de cuatro niños, siete intentos de homicidio y el incendio de siete edificios. Su historia también quedó vinculada con la antigua Cárcel del Fin del Mundo, en Ushuaia, donde pasó sus últimos años y sufrió, entre otros hechos, la mutilación de sus orejas, una práctica que quedó asociada posteriormente con el origen de su apodo.
La decisión de Caetano de abordar esta historia a través de un cómic, en lugar de llevarla al cine, está relacionada precisamente con la extrema crueldad de los hechos.
“Siempre leí muchos cómics. Cuando era adolescente, antes de imaginarme haciendo películas me imaginaba haciendo cómics”, explicó el director.
Según relató, durante mucho tiempo pensó en realizar una película o un proyecto audiovisual sobre el Petiso Orejudo, pero la historia terminó resultándole demasiado difícil de trasladar al cine.
“La historia de Petiso Orejudo siempre me venía para hacer una película, o un audiovisual, pero era muy cruel. No sé si me bancaba una película sobre él, ni sé si me bancaba hacerla. Es muy cruel toda su vida: lo que le pasó, todo lo que hizo y todo lo que le hicieron”, sostuvo.
Caetano resumió su mirada sobre el personaje al señalar que se trata de una historia atravesada permanentemente por la violencia.
“Toda su vida es como una cosa espantosa, de locura pura. No tiene respiro la vida de este pibe. Ni la tuvo para los demás. Es muy cruel lo que hizo y lo que le hicieron”, afirmó.
El proyecto comenzó a tomar forma durante la pandemia. Caetano se reencontró entonces con Giribaldi, con quien ya había trabajado en El otro hermano, Sandro y Apache. Lo que inicialmente surgió como la posibilidad de realizar un libro y posteriormente una serie animada terminó convirtiéndose en la novela gráfica.
“En pandemia, cuando todos pensábamos que no íbamos a hacer más películas ni series ni nada, me encontré con este amigo, con el que había trabajado en El otro hermano, en Sandro y Apache. Empezamos a pensar en un libro, luego en una serie animada, y al final se fue transformando en esto, en un libro de dibujos, una novela gráfica, que es lo que más le sienta”, contó.
Una novela gráfica con estética propia
El diseño de la obra forma parte central de la propuesta. Las palabras aparecen tachadas, las tipografías cambian, las páginas modifican su estructura y los colores irrumpen o desaparecen para acompañar el clima de la historia.
Caetano explicó que el proceso creativo fue realizado en conjunto con Giribaldi y comparó su rol en la obra con el trabajo que desarrolla detrás de una cámara.
“Es como si hubiera dirigido un cómic en lugar de una película”, describió.
La intención fue reproducir desde el lenguaje gráfico la atmósfera perturbadora asociada con la vida de Godino.
“La idea era lograr esa cosa medio espeluznante y desquiciada que tiene todo el universo de Godino. Toda su vida es como una cosa espantosa, de locura pura. No tiene respiro la vida de este pibe. Ni la tuvo para los demás”, explicó.
El cineasta aclaró que el abordaje no pretende eximir de responsabilidad a Godino por los crímenes cometidos, pero sí incorporar una mirada más amplia sobre las circunstancias que atravesaron su vida.
“No lo estoy eximiendo de culpas pero creo que hay una comprensión un poco más amplia que intentamos en este libro”, sostuvo.
La mirada de Caetano sobre la historia de Godino
Volver sobre la historia del Petiso Orejudo también llevó al director a establecer una relación con debates actuales vinculados con la edad de imputabilidad y las respuestas institucionales frente a determinadas situaciones.
“No tenía salida y nadie se preocupaba porque la tuviera”, señaló Caetano.
En ese sentido, recordó que Godino fue encarcelado cuando tenía 14 años y vinculó ese antecedente con la discusión actual sobre la baja de la edad de imputabilidad.
“Estamos discutiendo la baja de imputabilidad cuando a él a los 14 años lo metieron preso”, expresó.
Caetano sostuvo que Godino atravesaba una discapacidad mental severa y que fue sometido a situaciones de maltrato sistemático, sin contar con mecanismos de contención que permitieran intervenir antes de los crímenes.
Según su mirada, la respuesta institucional estuvo marcada por el castigo.
“Lo más ingenioso que se les ocurrió fue cortarle las orejas, una mutilación, y después se las pegan”, relató.
Para el cineasta, el caso puede ser leído como un reflejo de la sociedad de aquella época y también como un punto de partida para analizar problemáticas contemporáneas.
“Para mí es un experimento social. O un exponente de la sociedad de esa época que no difiere mucho de la de hoy, parece. Hoy estamos todos muy enajenados, celebrando y justificando cualquier cosa. Hay un gran retroceso”, afirmó.
Caetano también cuestionó las respuestas generales frente a fenómenos que considera particulares.
“Creo que todo crimen es muy particular. Me preocupan las medidas que son para todo el mundo, sin una discriminación de las cosas. Convertir una anomalía en una regla. Se busca el camino más fácil”, señaló.
En su relato sobre Godino también mencionó su paso por prisión y su convivencia con Radowitzky, además del conjunto de circunstancias que rodearon su vida.
“Me causa mucho pavor toda su historia, me parece una desgracia gigantesca. Todo lo que él hizo, todo lo que vivió, todo lo que le hicieron, todo el entorno que le tocó, nunca hubo nada de luz. Un páramo sin sentimientos”, sostuvo.
Del cine a la novela gráfica
La trayectoria de Adrián Caetano incluye películas como Pizza, birra y faso, Bolivia, Un oso rojo y Crónica de una fuga, además de trabajos televisivos como Tumberos, El Marginal, Sandro de América y Apache, la vida de Carlos Tévez.
Durante la pandemia se instaló en Uruguay, su país natal, donde dirigió Togo, el primer largometraje uruguayo producido para Netflix. También incursionó en el teatro con una adaptación de La gallina degollada, de Horacio Quiroga.
Consultado sobre un eventual regreso al cine en Argentina, Caetano afirmó que extraña filmar en el país, pero señaló las dificultades que atraviesa actualmente el sector audiovisual.
“Siempre estoy pensando en volver y extraño mucho filmar acá, pero pasó algo muy loco y es que desde 2018 no me han convocado”, contó.
El director consideró que existe un contexto complejo para quienes trabajan en la realización cinematográfica.
“Es un mal momento para los directores; estamos en manos de los productores, de las plataformas”, sostuvo.
También cuestionó la falta de subsidios destinados a la producción cultural y afirmó que esa situación dificulta la generación de nuevos proyectos.
“Y al no tener tampoco subsidios como para generar cultura, es más difícil. Siento que la cultura está en desuso. Sólo está el entretenimiento, comiéndose todo, pero un entretenimiento bastante banal”, manifestó.
Los proyectos de Caetano en Uruguay
El cineasta también se refirió a otros proyectos que desarrolla actualmente en Uruguay y volvió sobre su mirada acerca de las consecuencias de algunas decisiones adoptadas durante la pandemia.
“Es un momento raro. La pandemia fue fatal y se manejó de manera pésima. Siendo un país espacioso y gigante se podrían haber dado clases al aire libre, escalonadamente, de otras maneras”, sostuvo.
Caetano volvió a comparar esa situación con el debate sobre la edad de imputabilidad y cuestionó las respuestas que, según su perspectiva, buscan soluciones rápidas frente a problemas complejos.
“Es como con el tema de la baja de la imputabilidad: se dieron soluciones fáciles sin pensar en las consecuencias”, afirmó.
Mientras continúa la circulación de El petiso orejudo, el director señaló que en Uruguay mantiene distintos proyectos vinculados con el cine, el teatro y la televisión.
“En Uruguay estoy con proyectos, estuve haciendo teatro, hice una película y ahora empiezo una serie para el canal público de Montevideo”, concluyó.

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