El peso de las boletas de luz, gas y agua ya consume el 42% del presupuesto en los hogares y obliga a financiar las compras diarias con crédito.
La situación económica en los barrios porteños muestra una señal de alerta importante para la economía doméstica. Según los últimos datos de la UBA, la morosidad en los pagos de tarjetas de crédito y billeteras virtuales alcanzó el 26,7%, una cifra que supera incluso los momentos más difíciles de la pandemia. Esto se debe a que muchas familias están usando el plástico para cubrir el «changuito» del supermercado.
Para quienes caminan el barrio y ven los precios cada día, no es novedad que el pago de servicios básicos se lleva casi la mitad del sueldo. Esta presión sobre el bolsillo hizo que el uso de tarjetas en el súper subiera del 39% al 43%, transformando un recurso de emergencia en una herramienta para llegar a fin de mes.
El sector más afectado es el de los créditos no bancarios, como los que ofrecen las aplicaciones móviles o las tarjetas de las grandes cadenas de supermercados. Al ser préstamos de fácil acceso pero con cuotas altas, muchos vecinos están encontrando dificultades para cumplir con los pagos, lo que llevó a las empresas a restringir el otorgamiento de nuevos beneficios.
Ante esta dificultad, la recomendación para la comunidad es estar atentos a las propuestas de refinanciación. Muchas entidades están empezando a ofrecer plazos más largos para evitar que la deuda se vuelva incobrable, una opción útil para quienes necesitan bajar el valor de la cuota mensual y acomodar los números de la casa.
La tendencia indica que, con la estabilización de las tasas, el acceso al crédito podría regularizarse lentamente. Mientras tanto, la prioridad en los hogares sigue siendo el pago de los servicios esenciales, postergando otros consumos y buscando alternativas para manejar el endeudamiento familiar.

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