11 agosto, 2026

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Arriazu advirtió por posibles “bolsones de desempleo y pobreza” en el Gran Buenos Aires ante la apertura económica

El economista, considerado cercano al presidente Javier Milei, sostuvo que la apertura comercial podría afectar a sectores industriales concentrados en el Gran Buenos Aires y generar un impacto territorial sobre el empleo y los ingresos. Planteó que la transición deberá analizarse con atención para definir qué sectores y trabajadores necesitarán apoyo.

El proceso de apertura económica que atraviesa la Argentina podría modificar la estructura productiva y la distribución territorial del empleo, según advirtió Ricardo Arriazu, uno de los economistas escuchados por el presidente Javier Milei.

Durante un webinar organizado por BlackTORO, Arriazu sostuvo que la apertura comercial podría debilitar a sectores industriales históricamente concentrados en el Gran Buenos Aires, mientras que otras actividades relacionadas con los recursos naturales ganarían participación.

El economista señaló que este cambio productivo no necesariamente implicará un traslado inmediato de la población hacia las zonas donde se generen nuevas oportunidades laborales. “La gente no se mueve”, afirmó, y explicó que “tarda mucho en moverse, lo cual te plantea un desafío”.

Para Arriazu, esa falta de movilidad de la población representa uno de los principales desafíos de la transformación económica. En ese sentido, recordó una advertencia que ya había realizado un año atrás y sostuvo que el proceso podría generar “bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza, justo en la zona políticamente más intensa”.

Ante este escenario, consideró que será necesario estudiar el impacto de la apertura y diseñar respuestas de política pública para acompañar a los sectores afectados. “Hay que pensar cómo se resuelve el problema. Hay que pensarlo”, planteó.

Superávit fiscal y externo

Más allá de los posibles efectos de la apertura económica, Arriazu destacó el equilibrio de las cuentas públicas como uno de los principales elementos que diferencian el actual proceso de estabilización de experiencias anteriores.

Consultado sobre las razones por las que el rumbo económico podría ser diferente esta vez, respondió: “No tengo la menor idea. Lo único que es distinto es que hemos eliminado el déficit fiscal”.

Según su análisis, la eliminación del déficit explica también la coexistencia de un superávit fiscal y otro externo. Arriazu sostuvo que la Argentina finalizará el año con ambos resultados positivos, una situación que, según afirmó, no se había registrado en la historia económica reciente del país ni se observa actualmente en otros países de América Latina.

El dólar y la presión cambiaria durante el año electoral

Otro de los temas abordados por el economista fue la demanda de dólares, a la que definió como una de las variables centrales para comprender la dinámica económica de corto plazo.

Arriazu señaló que durante el último año los argentinos compraron alrededor de 40.000 millones de dólares y proyectó que la demanda será menor el próximo año, aunque seguirá siendo significativa en un contexto marcado por las elecciones.

El economista sostuvo que la Argentina funciona como una economía bimonetaria, donde el dólar cumple tanto el rol de unidad de cuenta como de reserva de valor. En ese marco, consideró que la tasa de interés en dólares tiene mayor influencia sobre las decisiones financieras que la tasa real en pesos.

También anticipó que durante el próximo año habrá presión sobre el mercado cambiario, aunque estimó que el episodio se produciría en una etapa avanzada del proceso electoral.

“Yo creo que la corrida va a existir, va a ser tardía, no va a ser temprana, y eso le da una enorme oportunidad al Gobierno para acumular”, afirmó.

Los siete shocks que podrían definir el largo plazo

Al analizar las perspectivas de mediano y largo plazo, Arriazu estimó que el patrimonio de los argentinos equivale a cerca de cinco veces el Producto Bruto Interno, con aproximadamente un 80% concentrado en inmuebles y dólares depositados en el exterior.

A partir de ese diagnóstico, identificó siete factores que, según su análisis, impactan simultáneamente sobre la economía argentina: la estabilización macroeconómica, Vaca Muerta, la minería, un eventual cambio en las condiciones del sector agropecuario, la industria del conocimiento, la apertura comercial y una reducción permanente del tipo de cambio real.

El economista destacó especialmente el potencial de la minería y comparó su situación actual con la que atravesaba Vaca Muerta en 2013. También mencionó la existencia de una franja cuprífera entre San Juan y La Rioja que, según consideró, podría ser la más grande del mundo.

Al mismo tiempo, advirtió sobre los posibles cuellos de botella logísticos derivados del crecimiento de la producción. En ese sentido, calculó que la demanda de cemento podría alcanzar las 17 millones de toneladas frente a una capacidad instalada de 13 millones, mientras que serían necesarios 13.000 camiones adicionales y 20.000 choferes para transportar la producción minera y agropecuaria.

Crecimiento y confianza

En cuanto a las perspectivas para este año, Arriazu proyectó un crecimiento del Producto Bruto Interno cercano al 3,5%, impulsado por el arrastre estadístico, una mejora en la cosecha y un aumento de la producción de hidrocarburos.

De todos modos, aclaró que el resultado final dependerá de la cantidad de dólares que los argentinos demanden durante los próximos meses, ya que un incremento en la compra de divisas podría restar impulso a la actividad económica interna.

El economista también reconoció que no logra explicar completamente la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica registrada en abril y mayo. “Todavía no puedo explicar por qué cayó el EMAE en abril y mayo. No puedo. Miro todo el razonamiento económico, miro todos los flujos, miro todo. No logro entenderlo”, admitió.

Por último, Arriazu consideró que la evolución de la confianza social será un factor determinante durante el año electoral y la vinculó con el comportamiento de la inflación y del salario real.

En ese sentido, explicó que la percepción sobre el poder adquisitivo no debería analizarse comparando los salarios y los precios correspondientes al mismo mes, sino teniendo en cuenta la inflación del período anterior. Según sostuvo, este criterio metodológico permite comprender parte de la mejora registrada recientemente en los indicadores de pobreza.