La fisonomía de la Avenida Libertador empezó a registrar un movimiento político que altera la parsimonia habitual de sus oficinas céntricas. Tras meses de un calculado bajo perfil público, Sergio Massa ha decidido levantar la barrera de contención informativa y autorizar la difusión de sus encuentros de rosca en su comando porteño, una señal inequívoca de que el exministro activa una nueva etapa de acumulación política que mantiene, de fondo, la expectativa de una futura revancha presidencial. La última aparición institucional del líder del Frente Renovador se remontaba al acto por el Día de la Memoria; desde entonces, las reuniones operativas se mantuvieron bajo estricto régimen subterráneo hasta esta semana, cuando las postales junto al intendente de Roque Pérez, Maximiliano Sciaini, y dirigentes de la cuarta sección electoral marcaron el retorno de la escudería massista a la superficie de la discusión pública.
Este giro estratégico responde a un diagnóstico crudo que Massa comparte con la dirigencia que desfila por sus despachos sobre el rumbo económico nacional. El análisis del tigrense sostiene que la gestión de Javier Milei puede ser capaz de estabilizar las variables macroeconómicas, pero que el verdadero conflicto latente está en el deterioro irreversible de la microeconomía de la calle. El monitoreo técnico del Frente Renovador hace foco en el nivel de endeudamiento que acumulan los hogares, atrapados en la bicicleta financiera de pagar los mínimos de las tarjetas de crédito, un escenario de asfixia en el consumo familiar que el peronismo evalúa como la ventana de oportunidad real para disputar el poder en el próximo turno electoral.
En ese reordenamiento, los despachos de Libertador operan como el laboratorio donde se empieza a diseñar el formato de una eventual gran interna peronista. En la visión del exministro, el escenario de las PASO podría estructurarse en una competencia de triple vía: el despliegue de Axel Kicillof con el motor encendido de su Movimiento Derecho al Futuro, la postulación casi segura de Juan Grabois representando a los sectores sociales y un tercer carril de identidad netamente renovadora. Aunque Massa evita hablar en primera persona de candidaturas propias, su entorno directo admite que las ganas de competir por el sillón de la Casa Rosada siguen intactas, mientras se ocupa de desmentir de plano versiones cruzadas de la rosca bonaerense, como el supuesto e incómodo rumor de haber propuesto a Sergio Berni para la gobernación de la provincia.
El despliegue territorial es el respaldo material de esta centralidad política que Massa administra desde la Capital Federal. El Frente Renovador comanda actualmente 17 municipios, pero enfrenta el desafío de que ocho de sus alcaldes no tienen habilitada la reelección consecutiva, lo que obliga al espacio a plantar de forma urgente a profesionales jóvenes capaces de hablar con sectores que el peronismo tradicional ha perdido. Para coordinar el interior bonaerense, Massa delega la ingeniería en Alexis Guerrera, su hombre de máxima confianza que ya tiene garantizado el retorno a la presidencia de la Cámara de Diputados provincial en el esquema de rotación acordado con el kirchnerismo, una silla que el massismo avisa con anticipación que ya tiene dueño.
La llave de la gobernabilidad y los límites a los barones del conurbano también se digitan desde este comando unificado. El Frente Renovador ya clausuró la posibilidad de acompañar cualquier modificación legislativa para habilitar un nuevo mandato consecutivo a los intendentes, haciendo valer el peso de sus bloques ante los reclamos del kicillofismo. En paralelo, la consolidación institucional del espacio quedó sellada con la senadora Malena Galmarini al frente de la estratégica comisión de Reforma Política y María Valeria Arata en Presupuesto, dos resortes claves que Massa y Galmarini negociaron de punta a punta frente al kirchnerismo, mientras avanzan las conversaciones con Verónica Magario para reclamar la vicepresidencia segunda de la Cámara Alta en una demostración de que ninguna ley clave se moverá sin el aval del búnker de Avenida Libertador.

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